jueves, 1 de julio de 2010

La Teosofía y la Segunda Guerra Mundial

Nazismo, Fascismo y el Movimiento Teosófico
durante el siglo veinte.

Carlos Cardoso Aveline

“Formar el núcleo de una Hermandad
Universal, donde no haya distinciones
de raza, credo, sexo, casta o color”
[El primero y principal objeto del movimiento teosófico,
fundado en 1875 en la ciudad de Nueva York]

En un mundo que está dominado todavía por fanatismo y religiones ritualistas, es solamente natural que el movimiento teosófico –siendo principalmente un aniquilador de ilusiones no-violento– se vea atacado de varias maneras, ya sea desde adentro o desde afuera.

Como ejemplo de tales ataques tenemos una variedad de textos sin fundamento en los cuales se acusa al movimiento teosófico de haber tenido simpatías por el Nazismo o por el Fascismo. Existen varias fuentes de desinformación acerca del tema de la Teosofía y el Hitlerianismo, y parece apropiado traer alguna evidencia sobre la relación verdadera entre ambas, incluyendo el periodo durante la Segunda Guerra Mundial.

El nazismo profanó los símbolos sagrados de la India con propósitos egoístas. Los líderes nazis practicaron un cierto tipo de hechicería anti-humanística, y tenían mucho en común con el disfrazado “misticismo del odio y la violencia” que fue cuidadosamente desarrollado por los jesuitas y usado por el vaticano desde el siglo 16. Por supuesto, el vaticano siempre ha estado en contra de la teosofía, porque esta propone una fraternidad universal y denuncia y combate toda forma de dogmatismo religioso.

Generalmente los hechos hablan por sí mismos, así que comenzaremos examinando la situación existente, país por país, durante la segunda guerra mundial.

* En mayo de 1940, la Sección de la Sociedad Teosófica de Adyar de los Países Bajos (Holanda) fue cerrada justo después de la invasión alemana. Las actividades teosóficas se hicieron privada y clandestinamente, a pesar de que fueron prohibidas por los invasores nazis. [1]

* En Bélgica, el 10 de mayo de 1940, tuvo lugar un intenso bombardeo de Bruselas. Después entraron los nazis y robaron y destruyeron todas las logias y bibliotecas privadas. Josephine Ransom nos escribe que la Secretaria General, Miss Serge Brisa, junto con el conserje, hicieron una enorme hoguera, mientras los ataques aéreos continuaban, y quemaron todos los papeles que pudieran comprometer a los miembros. La señorita Serge Brisa se fue a Bordaux como refugiada por varios meses. Durante su ausencia, la Gestapo investigó su casa y se llevó sus libros y conferencias, además de todos los libros en la sección de las oficinas generales, y en las casas de varios miembros prominentes en Bruselas y de los presidentes de Logias de las provincias. En diciembre ella regresó para encontrar la Sección cerrada. La Gestapo en vano amenazó con castigar si la lista de miembros no era entregada. Los nombres no fueron revelados. [2]

* En Francia, unos días después de que la armada de Alemania entrara a París, oficiales militares cerraron las Oficinas Centrales. Más tarde se llevaron los archivos, libros, y otros objetos que pertenecían a la Sociedad Teosófica de Adyar. Unos meses más tarde el gobierno de Vichy [controlado por los nazis] disolvió la Sociedad y por dos ocasiones los trabajadores civiles tuvieron que declarar que ellos no eran miembros de ésta. La Gestapo se apoderó del edificio de las Oficinas Centrales en París y lo convirtió en su centro para el Servicio Secreto. [3] Esto es interesante porque la Gestapo usó procedimientos jesuíticos y de hechicería, como veremos más adelante en este artículo. Parecían estar interesados en tomar ventaja de cualquier “magnetismo sutil” creado por los estudios teosóficos.

A pesar de la ocupación nazi, algunas reuniones de los miembros de la Sociedad Adyar tuvieron lugar clandestinamente en Francia. El movimiento retornó a la vida tan pronto los Aliados liberaron el país.

* La Sección Griega de la Sociedad Adyar emitió una declaración a todos los teósofos del mundo denunciando la invasión de Grecia por el fascismo italiano de Benito Mussolini. [4] Debemos recordar que el Vaticano
–localizado en Roma– apoyaba oficialmente el Fascismo en Italia.

* La Sección italiana de la sociedad Teosófica había sido disuelta en 1939 por el gobierno fascista. Se mantuvo alguna actividad informal y el trabajo retornó a la vida pública en 1946. [5]

* Después de la invasión de Polonia, miembros de la Sociedad de Adyar en Hungría ayudaron a masas de refugiados polacos que llegaban al país, algunos de los cuales eran teósofos. [6]

* En Alemania, el movimiento teosófico fue disuelto y prohibido desde 1939 hasta 1945. Solamente hubo algunas reuniones privadas realizadas clandestinamente. [7]

* En Noruega,,, todas las actividades teosóficas fueron prohibidas, desde la invasión del país por los nazis en abril del 1940, y duró hasta la liberación final en 1945. [8]

* En el principio del año de 1942, George Arundale, un ciudadano inglés y para entonces presidente de la Sociedad de Adyar, una vez más urgió a la India a participar de todo corazón en la guerra contra los nazis. [10]

* En cuanto a C. Jinarajadasa, quien en esos días jugaba un papel de liderazgo a nivel mundial en relación a las actividades de la sección interna o esotérica de la Sociedad Adyar, L. H. Leslie-Smith escribió:

“El Hermano Raja pasa la mayor parte del período de la segunda guerra mundial en Londres, que ha llegado a ser las oficinas centrales para muchos gobiernos europeos cuyos países han sido invadidos, y lo mismo para la Sociedad Teosófica en Europa. El vivió en el número 33 de Ovington Square para hacer allí un centro espiritual y un foco de inspiración teosófica durante los años de obscuridad. Desde aquí, por medio de una vasta correspondencia, él dio consuelo y aliento a los miembros de todos los países en donde quiera que hubiera un servicio postal. Él muchas veces trabajada durante toda la noche hasta las cuatro de la mañana, y dejaba una pila de cartas en el piso para que su secretaria ese día le pusiera estampillas y las despachara hacia varias partes del mundo.”
Y L. H. Leslie Smith añade: Él cumplió su parte como valeroso ciudadano voluntario en el cuerpo de bomberos contra incendios causados por ataque aéreos. Su actitud frente al peligro estuvo ejemplificada una tarde cuando quien escribe estas palabras estaba sentado junto a él en una sala del primer piso del no. 33 [Orvington Square]. Las sirenas sonaban para dar aviso de que bombarderos enemigos se estaban acercando. Él registró el aviso y continuamos conversando. Unos minutos más tarde se oyó el crescendo del zumbido de una bomba cayendo –todavía no hubo reacción; después el ruido de la explosión muy cercana. La conversación continuó sin que él se inmutara hasta su natural conclusión. [11]


La Logia Unida de Teósofos

* La Sociedad Teosófica de Pasadera y la Logia Unida de Teósofos (L.U.T.) fueron fundadas en los Estados Unidos –así como el movimiento teosófico mismo– y está, hasta ahora, más activo en este país. Durante la Segunda Guerra Mundial, la revista “Theosophy”, publicada en Los Ángeles por la L.U.T. y asociados, comentaron, mayormente en notas cortas, aspectos y eventos de la guerra. Mostraban cuán desafortunadas en general son las guerras. Esto era hecho desde la perspectiva filosófica de la sabiduría sagrada y la tradición antigua, y en las bases de los principios de la no-violencia (ahimsa) y la fraternidad universal. [12]

* Cada año, por el 25 de junio, las oficinas centrales de la Logia Unida de Teósofos envía una carta a sus miembros y amigos de todo el mundo. La carta anual de la L.U.T. de fecha 25 de junio de 1941, abrió con estas palabras:
“Este año, a medida que nuestros saludos anuales van hacia los miembros de la Logia Unidad de Teósofos dondequiera que estén, no hay certeza de que el mensaje llegue a su destino por medios diferentes al de “correo astral”. El año pasado, los asociados de Londres leyeron la carta de la L.U.T. en un sótano mientras las bombas caían por encima; este año, que su edificio ya no está excepto dos salones y los libros, las reuniones todavía continúan, el Boletín de Londres ha sido publicado con regularidad, y las conferencias se han extendido a Bath y a Salisbury.” [13]

* En el siguiente año, 1942, la Carta de la L.U.T. expresaba un sentimiento de admiración por los miembros de Londres:

“Los teósofos allí muestran el ejemplo de valor y entereza moral que el mundo está tan necesitado de aprender. Sin odio, sin perder la esperanza, sin condenar a ningún alma humana, el trabajo de Londres continúa ante las presiones del terror y la creciente carencia. Este es un espíritu inmortal digno de gente valiente.... “

El texto pasa luego a comentar la ocupación nazi de Noruega:

“En algún lugar, en países que están sufriendo la pesada mano de la ocupación, la vida moral de las personas crece fuerte. Desde Noruega, donde las reuniones regulares ya no son posible, llegó esta conmovedora nota el pasado verano; ‘....pareciera que las pruebas presentes hicieran a la gente más abiertas de mente, y dispuestas a oír y darse cuenta, de modo que la posibilidad de que más y más gente se vuelva al estudio de la filosofía es mayor cada vez y el futuro es más brillante’.” [14]

* En 1943 y 1944, las Cartas de la L.U.T. acompañaron el esfuerzo sostenido para mantener el movimiento teosófico activo a pesar de la guerra. En 1945, celebró el fin de la guerra y el progreso de la L.U.T. en Londres. En 1946, anunció que, después del la derrota nazi, las reuniones regulares de la L.U.T. estaban otra vez sesionando en la Logia de París y en otras partes de Europa.


Una Carta de Jean Overton Fuller

La teósofa británica Sra. Jean Overton Fuller vivía y escribía cerca de Londres. Ella fue una de las principales biógrafas de H.P.B. Autora del libro “Blavatsky y sus Maestros” [15], entre sus varios libros están otras biografías interesantes, incluyendo trabajos sobre el conde de San Germani y Francis Bacon. Ella vivió una larga vida de servicio y murió en el 2009, a la edad de 94 años. Jean no solo estudió historia. Ella la vivió también. En el 2006, Yo ya había comenzado la investigación acerca de la verdadera relación entre el Nazismo y la Teosofía, y le pedí que escribiera unos pocos comentarios acerca de la Segunda Guerra Mundial. Jean me escribió en una carta fechada el 27 de mayo del 2006:

“Apreciado Carlos,”

“Estoy contenta de haber tenido noticias tuyas pero estoy conmocionada de saber que ha aparecido un libro llamado Unholly Alliance [16] en el que se acusa a la Sociedad Teosófica de haber inspirado a Hitler. Esto es un total absurdo.”

“Yo viví en Londres durante toda la guerra, pasando por el Blitz y por los misiles V. Trabajaba de 9 a 5 diariamente para un departamento de gobierno, el Departamento de Censura Postal del Ministerio de Información, y por las noches, tres veces por semana, trabaje, primero en el cuidado de gentes cuyas casas habían sido destruidas por las bombas, luego como bombera entrenada que pertenecía a un grupo vinculado con el cuerpo regular de Bomberos. cuando la alarma sonaba y era mi noche de turno tenía que salir de mi cama y pararme en una fría puerta junto con otros con un hacha, balde y una manguera.... También era miembro de la Sociedad Teosófica. Mi membresía data de 1942, ¡y nunca oí en ella ninguna expresión de simpatía por los Nazis!

“Pero cavilando acerca de qué pudiera haberle dado a este autor esta extraña y errónea idea, se me ocurrió que el esquema del origen de las razas –particularmente como está expuesto en el libro de A. E. Powell EL SISTEMA SOLAR, que está basado en textos tomados de aquí y de allá, de escritos hechos por Annie Besant y C.W. Leadbeater–, pudiera darle ideas a alguien que estuviera desmedidamente interesado en el concepto de raza. Estoy completamente segura de que jamás la señora Besant ni Leadbeater pensaron en alentar la discriminación racial. La discriminación contra cualquier raza o religión estaría en directa contradicción con el Primer Objeto de la Sociedad Teosófica. Pero imagino de qué modo una mente como la de Hitler le pudiera dar uso a esos textos. Estoy contenta de tener tu útil información sobre lo que le aconteció a la S.T. en los varios países que estuvieron ocupados por los Alemanes.”

LA ESCUELA ARCANA Y LA BUENA VOLUNTAD MUNDIAL

* Emanada del Movimiento Teosófico y fundada por Alice Bailey, la Escurla Arcana, la “buena Voluntad Mundial” a su “Nuevo Grupo de Servidores Mundiales” se enfrascaron totalmente en la actividad de apoyar a los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Bailey incluso criticó el pacifismo de Mahatma Gandhi – quien como activista estaba muy inclinado en contra de los británicos y consideró políticamente conveniente no apoyarlos en contra de los alemanes, pero fue criticado por ello.

En agosto de 1942, Alice Bailey escribió sobre “...Las actitudes pacifistas, idealistas y poco prácticas que hallan su foco hoy en día en la actitud de Gandhi. Él trae en una clara perspectiva la actitud fanática de no comprometerse que no es realista y que está dispuesta a sacrificar vidas, naciones y el futuro de la humanidad en miras de conseguir su objetivo.
A través de sus escritos de los años de la Guerra, Bailey describió a los Aliados y a las naciones democráticas como inspiradas por los Maestros, y el Eje militar de Hitler como inspirado por el odio y motivos malévolos. [17] En términos generales la señora Bailey estaba en lo correcto en este respecto.

Jiddu Krishnamurti

* Juddy Krishnamurti, quien abandonó la sociedad Teosófica en 1929, tenía una posición pacifista radical. Describiendo los eventos de 1942, su amiga personal y biógrafa Mary Lutyens admite:

“Para aquellos en Inglaterra que estaban orgullosos de enfrentarse solos a la agresión Nazi, que se sentían exaltados por la Batalla de Inglaterra, que habían hecho suyas las palabras de Churchill y que de alguna forma se las arreglaron para contener su terror durante los intensos bombardeos, creyendo apasionadamente que ellos estaba combatiendo la encarnación del mal, las palabras efusivas de pacifismo hechas desde un paraíso como Ojai [en California], en los Viñedos de Marta y desde el Parque Nacional de Sequoias, eran difíciles de aceptar. Lady Emily le habló con bastante aspereza y lo acusó de escapar del horror...”. [18]

Este no fue el único error hecho por Krishnamurti, quien –desde 1929– no era miembro del movimiento teosófico. Sin embargo, cualesquiera que sean las opiniones acerca de las actitudes pacifistas, él no puede ser acusado de tener simpatías por el Nazismo o el Fascismo.

El Ideal Teosófico en la Carta de las Naciones Unidas

* Después de la derrota de Adolfo Hitler, La Organización de las Naciones Unidas emergieron en 1945 como una red global de naciones. Esto ocurría exactamente 70 años después de que el Movimiento Teosófico fuera fundado, el 7 de septiembre de 1875. El periodo de siete décadas es numerológicamente significativo. Probablemente tampoco es coincidencia que las Naciones Unidas se establecieran en New York, la misma ciudad en donde el movimiento teosófico, –su propio arquetipo oculto– fue fundado.

* El primer y principal objetivo del movimiento teosófico, que se refiere al ideal de la Fraternidad Universal fue claramente adoptado por la Naciones Unidas. El primer Artículo de la Carta de las N.U., que establece los cuatro Propósitos y Principios de las Naciones Unidad, es profundamente teosófico. Los objetos de la Naciones Unidas son:

1) Mantener paz y seguridad (...); 2) Desarrollar las relaciones amistosas entre las naciones (...); 3) Lograr la cooperación internacional en resolver problemas internacionales en materia económica, social, cultural, o humanitaria y en promover y estimular respeto por los derechos humanos y libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza, sexo, idioma o religión; y 4) Ser un centro de coordinación de las acciones de las naciones en el logro de estos fines comunes.” [19]

* Desde 1945, la victoria de los Aliados ha sido oficialmente celebrada cada 8 de mayo. Y es este mismo día cuando H.P. Blavatsky murió en 1891, y cuando los teósofos han celebrado su vida desde su partida. Otra “co-incidencia” interesante desde el punto de vista numerológico es que Harry Truman –el Presidente de los Estados Unidos de América durante los últimos momentos de la Guerra– nació precisamente un 8 de mayo.

Considerando los hechos mencionados arriba, no es difícil llegar, por lo menos, a una conclusión. Cualquier crítica que se pueda hacer en relación a ésta o aquella organización teosófica –y ha habido varias– es asunto de simple sentido común admitir que todo el movimiento, incluyendo a la Sociedad Adyar, está natural e intrínsecamente a favor de la libertad y la democracia, y en contra de cualquier falta de respeto por la vida humana. El movimiento tiene una tendencia inherente hacia su objeto principal, la hermandad universal.

Cómo el Vaticano le dio apoyo a Adolfo Hitler

En los párrafos anteriores vimos que el nazismo y el fascismo persiguieron el movimiento teosófico en cada nación que dominó, tanto antes como durante la segunda guerra mundial. El movimiento solamente pudo volver a la vida normal después que Hitler y Mussolini fueron derrotados por las naciones democráticas.

Ahora examinemos otro lado del asunto. ¿Cuál era exactamente la relación entre el Nazismo alemán, el Fascismo italiano y en Vaticano?

Había una tensa pero íntima cooperación entre los tres. Esta comenzó en los albores de 1920, tal como el autor John Cornwell demostró en su bien documentado libro “Hitler’s Pope – the Secret History of Pius XII”. [20] El Vaticano también le dio su decidido apoyo a la violenta dictadura pro-nazi de Francisco Franco en España.

Éugenio Pacelli era el representante del Papa en Alemania durante los años 20. El llegó a ser más tarde el Papa Pío XII. Pacelli jugó un papel clave en refrenar a los católicos alemanes, tradicionalmente democráticos, para que no se resistieran a la marcha política de Hitler para obtener el poder absoluto. Gracias a Pacelli, tan pronto como Hitler tomó el poder en 1933, el catolicismo alemán le dio al nazismo un apoyo activo. (La Iglesia Luterana ya le había dado su apoyo al nazismo desde hacía algún tiempo antes.)

En cuanto a Italia, en 1929 el Papa Pío XI firmó un Acuerdo de entendimiento con el dictador fascista Benito Mussolini. Todo esto confirmó la existencia de fuertes mecanismos de acuerdo mutuo entre la Iglesia de Roma y el fascismo nazi.

No fue coincidencia, pues, que en 1930 Eugenio Pascelli dejara la nazi alemana para ir a Roma a trabajar ahí como Secretario de Estado. En 1939, Pacelli fue formalmente convertido en Papa y adoptó el nombre de Pío XII. John Cornwell relata que casi inmediatamente después de eso Pacelli escribió una afectuosa carta de amistad a Adolfo Hitler, renovando su compromiso personal a la “alianza entre la Iglesia y el Estado” en Alemania, y diciendo que él se mantendría “devoto del bienestar del pueblo alemán, quien está bajo su guía”. [21]

Otro historiador, Paul Johnson (quien, por cierto, no es el autor de nombre similar que escribió libros sobre el movimiento teosófico) escribe sobre esto:

“Pío XII, elegido en marzo de 1939, apenas pudo esperar para mandarle a Hitler una carta amistosa. El se negó a condenar la absorción de Checoslovaquia unos días más tarde, aunque él sabía que esto significaría que los católicos checos (...) perderían de inmediato sus escuelas. (...) En abril de 1939, protestantes y católicos echaron vuelo a sus campanas [en Alemania] por motivo del cumpleaños de Hitler, y el Cardenal Bertram, el Primado católico, le envió un telegrama de felicitación.” [22]

Adolfo Hitler tenía ahora la bendición del Vaticano, y esta abrió la oportunidad para él de avanzar en su política de asesinatos en masas, y de esparcirla por el mundo.

Sin embargo, hubo un grupo de cristianos que se resistieron a Hitler. Estos fueron los Testigos de Jehová. Paul Johnson nos relata:

“Ellos se negaron a cooperar de ninguna manera con el estado Nazi, al cual denunciaron como totalmente maligno. (...) Muchos fueron sentenciados a muerte por negarse al servicio militar y de incitar a otros a hacer lo mismo; o terminaron en Dachau [un campo de concentración] o en asilos para enfermos mentales. Una tercera parte fue asesinada; el 97% sufrió persecución en una manera u otra.” [23]

Estos son apenas unos pocos datos sobre la cooperación entre el Vaticano y Hitler. Pero hay muchos más disponibles.

Desde una perspectiva teosófica, debemos recordar cuán radicalmente H. P. Blavatsky y sus Maestros se oponían y denunciaban las políticas del Vaticano, y especialmente los jesuitas. Es suficiente leer sobre ello en “Las Cartas Mahatma a A. P. Sinnett”, especialmente la Carta XXX, en la edición de la Thosophical University Press. En esta carta, se hace una comparación entre los diferentes métodos antagónicos usados por los jesuitas y los Maestros de sabiduría del Himalaya. Uno de esos Maestros escribe:

“Tal como le dije antes, ellos [esto es, los jesuitas] saben que lo que ellos enseñan es una mentira; y nosotros sabemos que lo que nosotros impartimos es verdad, la única verdad y nada más que la verdad. Ellos trabajan para mayor gloria (!) y poder de su orden, nosotros –por el poder y final gloria de los individuos, de las unidades aisladas, de la humanidad en general (...). Ellos trabajan, se afanan y engañan, con el objeto de obtener poder mundano en esta vida; nosotros trabajamos, nos afanamos y permitimos que nuestros chelas sean temporalmente engañados, para que adquieran experiencia y no sean engañados de ahí en adelante; y que puedan ver la completa maldad de la falsedad y la mentira, no solo por esta vida sino en las muchas futuras vidas por venir.
Ellos –los jesuitas– sacrifican el principio interno, el cerebro espiritual del Ego, para alimentar y desarrollar a su mejor capacidad el cerebro físico del hombre personal y evanescente, sacrificando la humanidad entera para ofrecerla en holocausto a su Sociedad –el insaciable monstruo que se alimenta del cerebro y tuétano de la humanidad– desarrollando un cáncer incurable en cada lugar de carne saludable que toca. Nosotros –los muy criticados e incomprendidos Hermanos –buscamos llevar a los hombres a sacrificar su personalidad –un destello pasajero– por el bienestar de la humanidad entera, así que es por sus propios Egos inmortales, una parte de ésta, ya que la humanidad es una fracción del todo integral del cual llegará a ser algún día. Ellos están entrenados para engañar; nosotros –para desengañar (...)”. [25]

Esta es la forma en que la verdadera Teosofía ve al Vaticano y al Jesuitismo.

Por otro lado, uno no puede dejar de percibir que una interesante conexión interna y esencial entre el nazismo de Hitler y los jesuitas. Esto ha sido francamente descrito por el historiador jesuita Vincent A. Lapomarda en su libro “Los Jesuitas y el Tercer Reich”.

Citando de varios documentos nazis, Lapomarda parece estar orgulloso de presentar variadas evidencias sobre el tema. Escribió, repitiendo las palabras de otro autor:

“Himmler modeló su SS tan similar a los jesuitas que incluso Hitler lo llamó ‘mi Ignacio de Loyola’.”

Lapomarda también relata:

“Himmler mantenía un castillo medieval, el Wevelsburg, que servía, de cierto modo, como un monasterio de la SS.”.

Citando otro autor en la misma página, el jesuita admite:

“... Hitler no solo consideraba la SS como su Orden Jesuita sino que insistía que estos nazis se familiarizaran con Los Ejercicios Espirituales escritos por Sn. Ingacio de Loyola, el fundador de la Sociedad de Jesús.” [26]

Dos de las principales razones por las cuales el movimiento teosófico fue perseguido tanto por los nazis como por el Vaticano son: 1) que este fue vislumbrado y creado como un núcleo de la Fraternidad Universal; y 2) que la idea de Fraternidad Universal inspira su principal objetivo declarado y la sustancia de sus actividades.

La derrota militar nazi fue, por tanto, una grave derrota política para el Vaticano. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los jesuitas nunca volvieron a tener la influencia que habían tenido antes, o durante, los años en que el nazismo-fascismo desarrollaba libremente sus actividades criminales.

Por otro lado, ha sido la más afortunada y significativa “coincidencia” que el principal objeto teosófico, la fraternidad universal, fue claramente adoptado en 1945 como parte de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas.

Desde entonces, la solidaridad humana que trasciende fronteras político militares y barreras sociales o culturales ha sido una de los objetos a largo plazo de todo el sistema de las Naciones Unidas – o quizás sea su objetivo central.

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